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martes, 17 de marzo de 2009

Vuelva usted mañana: los pisos se podrán comprar a mitad de precio

Vuelva usted mañana si quiere comprar un piso. Esta es la filosofía que impera en la actualidad en el mercado residencial español. Según varios expertos del sector, si pretende adquirir una casa, es mejor que se espere porque habrá segundas y hasta terceras rebajas en los precios de las residencias durante este año. Unos descuentos que vendrán de la mano de las entidades financieras que se han quedado con promociones terminadas de las inmobiliarias que tenían deudas pendientes.

Las principales consultoras del sector comentaron a elEconomista que bancos y cajas de ahorros sacarán al mercado esos pisos con descuentos a lo largo de este año. "Vamos a ver en estos días o meses la salida al mercado de inmuebles con descuentos, procedentes de los bancos y cajas, que están analizando los valores de salida, para que se ajusten más a criterios de solvencia de la demanda, si es posible claro", señaló José Manuel Sánchez, director de análisis de Knight Frank España.


Todo apunta a que las entidades financieras tienen la maquinaria precisa para impulsar el mercado inmobiliario español. Para Richard Ellis estas sociedades financieras "pueden propiciar la revitalización del sector residencial, aunque con ello se expulse del mercado a ciertas pequeñas y medianas promotoras, que no pueden competir en igualdad de condiciones".

Los únicos compradores de pisos
Tal es el protagonismo adquirido por las entidades que casi se han convertido en los únicos compradores de pisos. "Los bancos son los que se están adjudicando, por el valor de las hipotecas o de las tasaciones, las viviendas de las constructoras y de los particulares que no pueden hacer frente al pago de las cuotas hipotecarias", explicó Montse Conde, responsable de Estudios y Consultoría de Colliers International.

Desde el año pasado se han visto rebajas en los precios de la vivienda; cuanto más tiempo pasaba, mayores eran. Según los datos oficiales del Ministerio de Vivienda, el precio medio de las casas nuevas libres se situó en 2.018 euros el metro cuadrado, lo que supone una bajada del 3,2% respecto a 2007.

Sin embargo, otras entidades barajan otros porcentajes. Por ejemplo, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) calcula que el descenso fue del 10%, mientras que la sociedad de tasación Tinsa calcula que la caída fue de 8,8%.

También las consultoras inmobiliarias manejan otras cifras. Según Aguirre Newman, el precio de la vivienda nueva bajó entre un 8% y 10% el año pasado, mientras que el piso usado descendió entre un 10% y 20%. "Aunque no hay datos fidedignos sobre la bajada de los precios durante 2008, podemos estimarla en el entorno del 15% al 20%", indicó Carlos Ferrer-Bonsoms, director de residencial de Jones Lang LaSalle.

Diferencias entre comunicades y municipios
Como se puede apreciar, las horquillas sobre los descuentos varían bastante entre los cálculos de las firmas o entidades. También por comunidades autónomas y municipios los números difieren mucho, aunque hay un denominador común entre Richard Ellis, Aguirre Newman, Colliers International, Jones Lang LaSalle y Knight Frank.

Las cinco consultoras coinciden en que el precio de segunda residencia fue el que más descendió el año pasado, por lo que las zonas costeras turísticas fueron las más castigadas por la crisis del sector. Aguirre Newman calcula que esa caída alcanzó el 25% en algunas localidades. Murcia, Almería y Castellón son las regiones más afectadas, a juicio del director de Jones Lang LaSalle.
¿El motivo? "Tanto por la sobre oferta, como por la caída de la demanda extranjera", especificó Edward Farrelly, director de Research en España de Richard Ellis. Pero los pisos en zonas turísticas no son los únicos perjudicados del panorama desolador del sector.


A esta lista, en opinión del experto de Knight Frank, hay que añadir las casas en grandes desarrollos periféricos de grandes ciudades. "Aunque en estos casos con rebajas, las ventas se realizan", matizó.


Pese a ese reajuste del precio de las casas, las compraventas de vivienda nueva libre cayeron una media de casi un 33% en España. Ante estos datos, la pregunta que seguro que le viene a la cabeza es si esas rebajas son suficientes para que los inmuebles sean accesibles para la población.

La vivienda, "sigue siendo cara"
"La vivienda sigue siendo cara, ya que la fuerte escalada del euribor y las dificultades de financiación han situado la tasa de esfuerzo media en España en el año 2008 en el 46,1%, según datos del Banco de España, cifra muy superior a los niveles del 30% de 2004", argumentó Conde.
Los cincos expertos creen que la causa principal de que no se hayan vendido más residencias es la falta de financiación. "En el caso de primera vivienda, donde sigue existiendo una demanda clara, el principal problema está en la concesión de préstamos hipotecarios. Si hay financiación y el precio se adecua, hay ventas", indica el ejecutivo de Jones Lang LaSalle.


Según Javier García-Mateo, director de Análisis e Investigación de Mercados de Aguirre Newman, las entidades exigen que los compradores paguen una entrada más elevada que en el pasado. Tampoco hay que olvidar la falta de confianza. "La gente no quiere embarcarse en comprar una vivienda ante la inestabilidad laboral existente", remarca Conde.
La caída de los precios no ha tocado fondo

Cerrado con poco éxito el ejercicio 2008, los potenciales compradores de viviendas siguen observando cualquier movimiento en las ofertas de venta para este año. En opinión de las cinco consultoras, la caída de los precios de las casas todavía no ha tocado fondo, de manera que la tendencia que reinará en 2009 serán más descensos.

"Existe mucha incertidumbre y no podemos hablar de recuperación ya que realmente no sabemos cuándo vamos a tocar fondo. Dicho esto, es evidente que todavía hay margen para que haya un mayor ajuste en los precios. Según avance el año surgirán oportunidades interesantes para el comprador", afirmó el ejecutivo de Richard Ellis.

¿Cuánto bajarán los precios? Esa es la pregunta del millón. Según Aguirre Newman, el precio de la vivienda nueva podría caer hasta un 15 por ciento, mientras que en las casas de segunda mano ese porcentaje máximo podría alcanzar el 30 por ciento, depende del caso."Seguiremos con la tendencia bajista en el primer semestre del año y se estabilizará en el cuarto trimestre de 2009", prevé Ferrer-Bonsoms. Por su parte, Knight Frank pone cifras a esa filosofía reinante y augura que la corrección puede llegar hasta un 20 por ciento más.

La banca, la principal protagonista
En la temporada de rebajas en los precios de los pisos, la banca será la principal protagonista, pues las inmobiliarias no tienen mucho margen para reducir los precios de venta. "Las viviendas fáciles de vender son las procedentes de daciones en pago y ejecuciones en pago que tienen una bajada grande y unas condiciones de adquisición muy buenas" señaló el director de análisis de Knight Frank España.

Sin embargo, el ajuste del precio de la vivienda no es la única varita mágica que puede reactivar el mercado inmobiliario español. La clave está, según los cinco expertos, en los bancos y cajas de ahorros. Si una familia tiene suficiente financiación tiene capacidad para adquirir una vivienda. Una situación que es muy difícil encontrar en la actual crisis económica y financiera que afecta a todo el mundo. Por eso, según el experto de Aguirre Newman, el perfil del comprador tiende a ser "oportunista".

En el momento en el que la banca abra el grifo el sector volverá a reactivarse. "Harían falta dos cosas fundamentales para que se volvieran a cerrar más operaciones de compraventa de inmuebles. Una de ellas es estabilidad laboral y, la otra, financiación. Esto a marzo de 2009 parece una quimera", indicó el director de residencial de Jones Lang LaSalle, Carlos Ferrer-Bonsoms.

En conclusión, el comprador que tiene recursos propios que prepare su cesta para ir a la próxima temporada de rebajas de 2009.


- Carmen Canfrán

jueves, 18 de diciembre de 2008

España, la nueva casa de pobres de Europa

El periódico alemán "Welt", uno de los diarios de referencia del país, publicaba este fin de semana y destacaba en la portada de su edición digital que los propios ciudadanos españoles tienen que volver a recoger aceitunas en los campos, dada la elevada tasa de paro del país. Apuntan que sólo en la región de Jaén hay más de 44.000 parados y que miles de africanos en situación irregular no tienen ninguna oportunidad de ganarse el sustento: "ahora son los españoles los que vuelven a los empleos del campo, los mismos que antes evitaban". Aseguran que en Jaén, la administración está repartiendo panfletos informativos en árabe y francés en los que se aconseja a los inmigrantes africanos buscar trabajo en otras regiones vecinas. Para colaborar les pagan el billete de autobús.

Ya a principios de noviembre, la prensa Alemana se hacía eco de la pésima situación económica que atraviesa España. El mismo periódico nos sorprendía con un titular impactante: "España, el nuevo hospicio de Europa". En el artículo se reflexionaba sobre la pobreza en Europa: "pensamos que solo afecta a Bulgaria o Rumanía. Nada más lejos de la realidad..." y continuaba "Durante muchos años, demasiados españoles han vivido en una burbuja. Ahora les amenaza la pobreza masiva". Con pocas líneas y muchos datos describían la situación: "200.000 personas han perdido su empleo en pocos meses mientras la tasa de paro de España se sitúa como la más alta de Europa", "Hay más de 180.000 familias (hipotecadas) cuyo patrimonio está amenazado", "solo en octubre, 6.200 personas al día se han quedado sin trabajo."

Según el periódico alemán, el modelo económico español era inviable: "demasiado tiempo asentados en la construcción y el turismo, en lugar de impulsar la investigación y el desarrollo." Dicen que "el país entero ha vivido en una burbuja, ignorando todos los peligros" y critican el boom de los créditos hipotecarios y la locura de contratarlos a interés variable. Para terminar, nos hacen un apunte inquietante: "El Corte Inglés prevé, por primera vez en su historia, una disminución de sus ventas".

Como el impacto de la crisis en España se está volviendo el centro de atención, esta lectora corresponsal está siendo interrogada a diario por varios alemanes: ¿Es cierto que los españoles financian su coche durante varios años? Sí… ¿Y es verdad que hay gente que paga las vacaciones a plazos? También… ¿Lo de pagar el televisor en seis meses es una leyenda urbana, no? Me temo que no… O los alemanes no nos entienden, o nosotros no entendemos a los alemanes. Lo cierto es que mientras la prensa española no para de informar sobre los efectos de la crisis en la industria automovilística alemana, la germana no deja de contarnos cómo de pobre es España, y que difícil que lo tienen.

Y es que como de costumbre, los problemas del vecino son más importantes que los propios.
- Clara Roglan

miércoles, 10 de diciembre de 2008

La Gran Depresión Ninja

Cuando se habla de cifras de morosidad de hipotecas o de embargos sobre viviendas en EE.UU., hay que tener en cuenta la gran diversidad de criterios históricos y estadísticos que se han utilizado y se utilizan para cuantificar el problema. Por este motivo hay muchos datos que se comparan en el tiempo de forma errónea, dando lugar a conclusiones que nos van a distorsionar la estrategia correcta a seguir.

Hablando de las hipotecas sub-prime y del conflicto crediticio creado en los últimos tiempos, muchos analistas tratan de buscar paralelismos que arrojen algo de luz al negro panorama que tenemos por delante. Por eso es preciso matizar conceptos que a menudo se confunden.

Por ejemplo, en el siguiente gráfico vemos la evolución del coeficiente de morosidad de las hipotecas norteamericanas desde 1979 hasta hoy. Como veremos en él, la falta de pagos actualmente alcanza el 7%, pero debemos tener en cuenta que en plena burbuja inmobiliaria (segundo semestre 2005) era también significativa, cercana al 5%. Por lo tanto, aunque creemos que el techo de dicha cifra está aún lejos y que estamos en plena ascensión, es cuando menos curioso que nos encontremos en niveles "sólo" de un 2% por encima de los buenos tiempos.

Pero aquí podemos ya empezar a matizar: La National Delinquency Survey (NDS) ofrece también estadísticas de las "seriously delinquent mortgages" a 90 días, algo así como las "hipotecas seriamente morosas" (desafortunada definición), o sea las que van previsiblemente de cabeza al embargo y ya no son una simple morosidad temporal y puntual de 30 días. Y dentro de este grupo, aún distinguen entre hipotecas seriamente morosas prime y sub-prime. Mientras que las prime tuvieron un coeficiente de seria morosidad en pleno 2005 del 1,82%, hoy asciende ya hasta el 2,87%, o sea un incremento superior pero aún comparable al aumento del anterior gráfico. En cambio las sub-prime se han disparado hasta un 19,55%. O sea, que si ya se nos complican los ratios en los últimos años, si además intentamos comparar las cifras de las últimas décadas con las de la Great Depression de los años 30 (algo que muchos analistas están haciendo últimamente), los paralelismos que podamos encontrar serán fruto de comparaciones de cifras, clasificaciones y porcentajes muy dispares, tanto que van a derivar en análisis muy engañosos.

Tal y como podremos leer en el The Federal Response to Home Mortgage Distress, en el punto álgido de la depresión, aproximadamente la mitad de los hogares urbanos con hipotecas pendientes estaban en bancarrota. Pero lucharon lo indecible para salvar sus hipotecas y el resultado de embargos se consiguió contener en los niveles que muestra el siguiente gráfico, es decir alcanzando casi los 14 embargos anuales por cada 1.000 hipotecas.

Otro hecho de vital importancia que debemos saber antes de analizar las estadísticas, es que las hipotecas que se solían realizar en la época pre-crack del 29 y durante los siguientes años eran de sólo el 50% del valor del inmueble y de una duración de no más de 5 o 7 años. Por lo tanto los dramas sociales por aquellos hogares que fueron embargados hace casi 80 años, fueron muchísimo más traumáticos que la problemática que se le plantea a un Ninja (no income, no job, no assets) que entrega las llaves a un broker inmobiliario este año o el próximo. No son situaciones comparables.

En aquellos años un embargo supuso la pérdida de toda una vida económica y de esfuerzo por la adquisición de una vivienda. Hoy, en cambio, en muchos casos tan sólo supone haber pagado durante unos pocos años un alquiler algo caro en forma de cuota hipotecaria de diseño. Y muchos pensarán que por lo tanto el sufrimiento social actual va a ser menor, pero nos quedaríamos de nuevo sólo en un análisis muy superficial. El hecho de que el drama social sea menos cruento de momento, no significa necesariamente que la situación económica y financiera sea más leve. Ni mucho menos. Si un moroso tan sólo pierde unos miles de $ (o €) entregados a cuenta en cómodas cuotas, pagadas por una casa que compró sobre el papel a un precio superior a su valor actual, y con una situación laboral asfixiante, va a luchar muchísimo menos por salvar su casa del embargo de lo que lo hicieron los morosos en graves dificultades de los años 30.

Es decir, que lo que a simple vista nos puede parecer una ventaja cualitativa de nuestra situación actual respecto a la que vivieron en la Gran Depresión, es en realidad todo lo contrario. Y vamos a mencionar tan sólo algunos de los agravantes que nos llevan a esta conclusión:

Hoy la situación es de multicrisis y no sólo se están perdiendo cantidades astronómicas de dinero en la bolsa, como ocurrió en el crack del 29.

La burbuja crediticia y el abuso generalizado del crédito nos ha pillado a casi todos con un nivel de endeudamiento y apalancamiento jamás conocido, y no sólo a causa de las hipotecas.

La burbuja inmobiliaria está provocando que el gap entre el precio de compra y el de mercado sea también muchísimo mayor que el de la Gran Depresión.

Todo ello agravado por la absoluta temeridad de las entidades financieras al conceder hipotecas en porcentajes cercanos (o incluso superiores) al 100% de la tasación.

Irresponsabilidad de estas entidades financieras (agravado por los brokers hipotecarios en los EE.UU.) que han inventado hipotecas de diseño para vender más: Carencias de todo tipo con intereses muy variables, amortizaciones negativas (Neg-Am e Interest Only), y un largo y diabólico etc. Y lo que es peor, la mayoría de ellas estallarán en la cara de dichas entidades financieras a partir del 2009 hasta el 2011, cuando los maquillajes de diseño darán paso a la demacrada realidad del interés compuesto y la amortización, aunque esperemos que los mercados actuales hayan ya descontado una parte significativa.

Irresponsabilidad de todos los tomadores de esos créditos que estaban (alguno todavía está) inmersos en un bienestar del primer mundo que se está demostrando falso. En un entorno consumista muy superior al de los Felices años 20.
La Globalización actual hace que la interconexión de la fallida financiera alcance a todo el planeta, mientras que la Gran Depresión se extendió a Europa y a los actualmente llamados emergentes de forma mucho más suave y paulatina. La globalización amplifica y acelera el deterioro, y esperemos que también suceda lo mismo con la recuperación.
Por lo tanto, e incidiendo en la peligrosidad de que los hipotecados actuales tengan menos que perder que los de los años 30, se verá incrementada esta falsa huída hacia adelante. Se concedieron hipotecas a Ninjas que, lamentablemente, jamás debieron tener acceso a ser propietarios por su precariedad, y por otro lado los menos precarios gozaron de una escasa exigencia del Sistema para financiarlos. Esto también es muy grave ya que, debido a esa escasa exigencia, los hipotecados de moderada solvencia también van a abandonar el barco ante las dificultades sociales que esta crisis va a generar, puesto que su escasa inversión en la aventura inmobiliaria es una pérdida fácilmente asumible en favor de una recompra futura de otro inmueble a precios muy inferiores.

Nadie luchará en estas condiciones por salvar su hipoteca del embargo, como lo hicieron en la Gran Depresión. Y eso traslada de forma radical el problema de los hipotecados a la Banca (algo que sucedió en mucha menor medida en los años 30). Pero esta Banca, debido a la afectación extrema y globalizada que está sufriendo, a su vez lo traslada al Sistema Financiero, llevándose por delante la economía real existente. Y el Sistema, en peligro de extinción, lo ha trasladado a los Estados, a quienes les crecen los enanos en pleno desierto financiero y una economía real en caída libre. Llegados a este punto a nadie se le escapa en quién repercute papá Estado, evidenciando así que el análisis superficial de que el drama social y económico de la Great Depression fue mayor que el actual, es previsiblemente erróneo.

En definitiva, las comparaciones de la depresión actual con las anteriores (especialmente la de los años 30), son cuando menos, complejas y engañosas. Y no puedo más que sonreír tristemente cuando escucho a altisonantes eminencias del mundo económico proclamando que esta depresión está llegando a su fin porque históricamente ni siquiera en los años 30 existieron periodos recesivos superiores al par de años. Y esto sólo es cierto si consideramos los sub-ciclos de recesión técnica como un ciclo en sí mismo, obviando que la Great Depression como tal duró 10 años y sólo acabó con ella la II Guerra Mundial.

Y lo peor es que algunas de estas eminencias ni siquiera tienen intereses comerciales ni políticos para proclamar semejantes afirmaciones sino que simplemente son, a mi modo de ver, análisis erróneos basados en datos incomparables e inconexos. Ojalá viera en ellos mayor fundamento y rigor, nada me gustaría más.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Burbujas y burbujas con expansión crediticia

Una crítica bastante habitual a la teoría de que los bajos tipos de interés generaron la burbuja inmobiliaria –como antes pudieron provocar las burbujas de las puntocom o de los junk bonds– es que nada impide que sin expansión crediticia también haya burbujas sobre el valor de los activos.

Y esto es completamente cierto. Una burbuja consiste, simplemente, en que el valor del activo se desvía de lo justificado según sus fundamentales. ¿Y cuáles son sus fundamentales? Pues básicamente el valor actual de los futuros flujos de caja libres que ese activo genere.

Por supuesto, los agentes del mercado pueden dar a los activos valoraciones del todo absurdas y, de hecho, esas valoraciones absurdas pueden realimentarse. Por ejemplo, si yo sé que Pedro está dispuesto a pagar 30 euros por una acción de Terra, yo puedo estar dispuesta a comprarla por 25 (para vendérsela a Pedro por 30), aun cuando crea que es un precio absurdo, muy desviado de sus fundamentales. Y si Pedro y yo compramos a precios inflados, otros agentes pueden creer que esa tendencia va a proseguir, comprando ellos, a su vez, a precios superiores a 30 e incitando a que otros hagan lo mismo.

Las burbujas, al final, son esquemas de compra piramidal de activos (o esquemas Ponzi, a la sazón el mismo en el que se basa el sistema público de pensiones). Cada sujeto compra sucesivamente un activo esperando que otro se subrogue en su posición pagando un precio más alto. Al final, claro, hay un último comprador que ya no encuentra un nuevo comprador para el activo inflado y se come las pérdidas: ha pagado 1000 por un activo que vale 10. El éxito para ganar en una burbuja consiste en no ser el último que vendas.

Sin embargo, hay una diferencia esencial en si la burbuja se financia sin expansión crediticia (es decir, con ahorro real) a si lo hace con expansión crediticia. En el primer caso, cada comprador adquiere el activo con su propio ahorro (o con el ahorro real que ha pedido prestado a otro), de modo que la burbuja simplemente actúa como un mecanismo redistribuidor de la renta. Las pérdidas que experimenta el último comprador son iguales a la suma de las ganancias que han obtenido los compradores anteriores. La burbuja es un juego de suma cero: de hecho, es un juego de apuestas. Consiste en pujar por que otros jugadores seguirán pujando. Nada más, ni hay creación ni destrucción de riqueza para el conjunto de la sociedad.

Las burbujas con expansión crediticia, sin embargo, se desarrollan de un modo distinto. En primer lugar, la expansión crediticia altera los valores fundamentales de los activos. Hemos dicho que el valor fundamental de un activo es el de descontar sus flujos futuros de caja libres. La reducción en los tipos de interés que promueve la expansión crediticia (arbitraje de tipos por el sistema bancario + monetización de activos ilíquidos por parte del banco central) por un lado eleva la cuantía de los flujos de caja esperados (el aumento simultáneo de consumo e inversión eleva las rentas que perciben los agentes y, por tanto, lo rendimientos esperados de todos los activos) y, por otro, reduce el tipo de interés que se aplica a su descuento (de modo que el valor presente de las rentas futuras aumenta). Dicho de otra manera, promueve un mal cálculo de los agentes y que auténticas burbujas especulativas se camuflen bajo la imagen de inversiones conservadoras (“la vivienda aun está barata, no hay nada más seguro que invertir en ella”). Y, por esta vía, distorsiona la estructura productiva (hace que el capital se destine a financiar inversiones que sólo son rentables por su valor inflado).

Y, en segundo lugar, permite que las burbujas no se financien con cargo al ahorro, sino a la expansión crediticia. Esta última consiste, básicamente, en utilizar los saldos monetarios y el ahorro bruto (donde se incluyen las cuotas de amortización del capital actual) para invertir a largo plazo o en activos muy arriesgados (como una burbuja). De esta manera, las burbuja son sólo ganan en intensidad (participan muchos más fondos en las pujas) y en duración (el ahorro real tiene un límite natural mucho más breve que crédito expandido), sino en potencial destructivo.

Las pujas sucesivas pueden estar simplemente respaldadas por el propio valor inflado del activo (por ejemplo, me hipoteco para comprar una casa que sigue subiendo de valor hasta el punto en que me rehipoteco sobre el valor incrementado para adquirir otra casa) y las pérdidas del comprador final pueden extenderse al resto de los agentes, ya que el impago de uno no sólo erosiona el ahorro del resto, sino que destruye su liquidez y su capital acumulado (al no poder amortizarlo).

La estructura productiva queda descompuesta ya que se han destruido formas de capital para crear otras que sólo eran adecuadas por su valor burbujeante. Una vez los valores de los activos vuelven a los fundamentales (pero no a los fundamentales que imperaban antes de la expansión crediticia, sino a unos peores, habida cuenta de la distorsión que se ha producido en la estructura productiva) se revela la destrucción neta de riqueza que se ha producido en la sociedad.

Así pues, la expansión crediticia tiende a generar burbujas, pero sobre todo tiende a amplificarlas y a modificar sus consecuencias (de juego de suma cero a juego destructivo).

La peor parte, sin embargo, sucede cuando el respaldo del dinero (es decir, del depósito de valor) depende de los activos sobre los que se practica una burbuja con expansión crediticia. En estos casos, la destrucción del valor de los activos (deflación) es previa a la destrucción del valor de las monedas (hiperinflación), a menos que haya una estabilización entre tanto.

Por tanto, tenemos tres escenarios: a) Un sistema de patrón oro sin arbitraje de plazos: aquí sólo son posibles las burbujas basadas en el ahorro real con resultado de suma cero. b) Un sistema de patrón oro con arbitraje de plazos (s. XIX): aquñi son posibles las burbujas destructivas, pero la moneda no tiene por qué sucumbir a la merma de valor de los activos. c) Un sistema de dinero fiduciario con arbitraje de plazos: Aquí son posibles las burbujas destructivas, tanto para los activos como para la moneda.


Desde 1973 estamos en este tercer escenario.

- Juan Ramón Rallo

miércoles, 12 de noviembre de 2008

No hay que ayudar a los promotores

Los inversores de Terra pagaron caro su error y nadie les dio ayudas con cargo a los presupuestos. Los promotores tampoco deben recibirlas, sobre todo, porque el precio de la vivienda tiene que volver a los patrones de racionalidad que abandonó hace años.

Desde que estalló la burbuja inmobiliaria en marzo del pasado año, las promotoras inmobiliarias han venido pidiendo ayuda para superar la crisis. Incluso han creado su propio grupo de presión a cuyo frente han puesto al ex director de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno, David Taguas. Qué mejor persona para hacer lobby en Moncloa y sus aledaños que quien estuvo en la segunda mitad de la pasada legislatura al frente de la ventanilla por la que pasaban, o se veían obligadas a pasar, según los casos, las empresas que querían obtener alguna dádiva de Zapatero (o, por el contrario, pretendían que éste respetara la libertad de mercado).

Más recientemente, y visto que mucho éxito no estaban obteniendo, los promotores se lanzaron a una campaña pública para conseguir lo que no deben obtener con frases como "antes de bajar el precio de la vivienda un 40% se la doy al banco". O esta misma semana con esas declaraciones de Taguas en las que decía que para superar la crisis económica había que ayudar a las inmobiliarias, a esas empresas que tanto han hecho para que ahora estemos en la que estamos. Pues mire usted, no.

A las inmobiliarias no les preocupa solo la falta de financiación que sufren estos meses, consecuencia de la crisis, sino también la drástica caída que están experimentando los precios de la vivienda. Solo el pasado mes de octubre, el precio cayó el 10%. Pero es lógico que las cosas sean así, teniendo en cuenta las dimensiones que había alcanzado la burbuja inmobiliaria y los precios tan desorbitados que pedían los promotores por una casa. Aquello fue un exceso que enriqueció a muchos y ahora toca corregir, que es lo sano. La consultora Aguirre Newman estima que los precios de los pisos todavía deben bajar entre un 25% y un 31% y eso es lo que no quieren los constructores, en parte para no perder dinero, en parte para que los que construyan en el futuro no sean más baratos. Es decir, para tratar de mantener altos márgenes de beneficio que, en lo más alto de la burbuja, superaban el 100% de los costes (además del dinero que ganaban muchos de ellos teniendo el suelo en reserva durante varios años).

Desde esta óptica, ayudar ahora a los promotores sería un error. Es cierto que algunos de ellos pueden cerrar para no volver a abrir sus puertas, pero en su mayor parte han ganado bastante dinero en los últimos años como para poder recapitalizar su empresa sin que los españoles, que ya pagan muy caros los pisos adquiridos en el último decenio, tengan que acudir en su socorro con los impuestos que pagan. Además, cualquier ayuda que se preste en estos momentos a las inmobiliarias, en general sólo va a servir para que los precios no se corrijan cuando lo que tiene que ocurrir para que se reactive el sector es, precisamente, que se adecúe el precio de la vivienda a las verdaderas posibilidades de las familias que vayan a adquirir una.

Por mucho empleo que el sector haya creado en el pasado, lo que no puede pretender es un trato especial y diferencial en relación a otras empresas. Toda la economía española está sufriendo la crisis, no sólo un sector que ha tenido una contribución decisiva en la creación e intensidad de la misma y, sin embargo, nadie recibe ayudas. ¿Por qué ellos deberían? ¿Por el hecho de que en el pasado crearon mucho empleo? No nos llamemos a engaño, después de la burbuja, el sector ya no va a ser el mismo y aunque los puestos de trabajo se recuperen en parte, no lo harán, ni mucho menos, en su totalidad. Así es que la construcción, con toda probabilidad, ya no va a ser el motor del crecimiento que ha sido en los últimos años. Asimismo, los promotores deben entender que el riesgo forma parte intrínseca de la actividad empresarial y es la principal razón que justifica el beneficio de las empresas. Ellos, que han ganado dinero a espuertas, deberían asumir ahora esa otra parte de la actividad empresarial, la de los tiempos en los que vienen mal dadas.

Por mucho que hayan invertido en suelo y en promociones cuyo valor de mercado ahora dista mucho del que esperaban, deben entender que cuando se produce una burbuja, quien invierte en ella debe atenerse a las consecuencias. Los inversores de Terra pagaron caro su error y nadie les dio ayudas con cargo a los presupuestos. Los promotores tampoco deben recibirlas, sobre todo, porque el precio de la vivienda tiene que volver a los patrones de racionalidad que abandonó hace años para convertirse en juego de pura especulación de quienes vendían y de algunos que compraban. Y ya se sabe que la especulación siempre implica riesgo, aunque ahora no quieran afrontarlo.
Emilio J. González

martes, 30 de septiembre de 2008

Un hatajo de rufianes y la jodida mariposa

La propuesta de dedicar las arcas de los Estados a salvar la crisis financiera provocada por una caterva de sinvergüenzas es una operación, cuando menos, hipócrita. El 'efecto mariposa', al final, golpea a los mismos.

José K. está de muy mal humor. Ha soportado con dificultad el progresivo e imparable avance mundial de tanto y tanto dirigente político ultraliberal, feroces enemigos de la presencia del Estado en la vida económica, encarnizados defensores de que sean los mercados quienes regulen la actividad financiera. Se ciscaban en el Estado del bienestar, esa antigualla, y desmantelaban con saña la sanidad o la enseñanza pública, el último reducto de los más desfavorecidos para curar un forúnculo o poder hacer el bachillerato. Contaban, además, con la complacencia, e imprescindible colaboración para el delito, de todos y cada uno de los gurús financieros y organismos internacionales, encargados, qué risa, de prever estas situaciones o vigilar y controlar el buen funcionamiento de los mercados. Ni Alan Greenspan ni Rodrigo Rato previeron ni vigilaron nada. Es más: José K. está convencido de que son ellos los culpables de haber construido ese mundo falaz e imposible que ahora se ha derrumbado.

Unos banqueros juegan en Omaha al Monopoly, y se queda sin trabajo un carpintero en Vallecas

Era el timo de la estampita con marchamo de producto financiero para entendidos

¿Pero de verdad se ha derrumbado para todos? No lo cree nuestro amigo. Washington y los bancos centrales, es decir, los guardianes o hacedores de aquel mundo -que José K. ya no lo sabe- se han volcado en masa para salvar a las pobrecitas, ay, entidades financieras. Qué lástima Lehman, llora José K., qué pena tan grande Merrill, cómo viviremos sin AIG, clama nuestro buen amigo. Desde su punto de vista, ve con claridad el panorama: una caterva de impúdicos políticos salva la cara a una pandilla de sinvergüenzas. Aunque todavía le ronda un oscuro pensamiento que no acaba de dominar. Y es que lleva días mosqueado con una jodida mariposa que le dice lo siguiente: unos banqueros mamarrachos de Wisconsin u Omaha jugaron a una cosa que decidieron llamar subprime, y como consecuencia de ello, Paco García Pérez, carpintero y primo segundo de la vecina de José K., se ha quedado sin su empleo en Vallecas.

Así que hoy se ha acercado a su café preferido sumido en estos sufrimientos que le tienen en un sinvivir. Tanto y tanto se ha escrito sobre la crisis que cree que ya no hace falta recordar su génesis desde las hipotecas basura y su posterior desarrollo, hasta llegar a esta divertida situación de Bush haciendo de Olof Palme, al Partido Comunista Chino dispuesto a pujar por Morgan Stanley, y los fondos soberanos de los países del Golfo, que mientras nos escaldan con el petróleo, meten más y más dinero en Wall Street. Así que José K. ataca por los laterales. Premioso y cachazudo, ha doblado los periódicos tras una atenta lectura. El suyo de siempre, que cada vez está más reaccionario, dice, y otro económico del mismo grupo -no tiene remedio- para empaparse bien de la crisis, del desastre, del cataclismo, de la debacle que nos anega.

Veamos las cosas que se aprenden leyendo los periódicos, repasa cejijunto, por lo reflexivo, nuestro amigo José K: un tal Richard Fuld, presidente de Lehman Brothers, corporación centenaria en la quiebra desde hace pocos días, va a cobrar unos 16 millones de euros, casi el triple de lo que cobra Raúl en el Real Madrid (y cómo se va a comparar...). También ha leído que John Tain, primer ejecutivo de Merrill Lynch, otra gran firma que también se ha quedado sin un centavo, podría llegar a cobrar más de 10 millones de euros. Daniel Mudd, consejero delegado y presidente de la hipotecaria Fannie Mae, se lleva 8 millones, y 15 Richard Sayron, su equivalente en la también equivalente Freddie Mac.

¿Y por qué motivos, se pregunta José K., van a cobrar estos importantísimos señores esas cantidades tan sustanciosas? Los expertos periodistas le dan la respuesta. El sacrificado Fuld, coleccionista de arte, jugador de squash y de golf, se llevará esos 2.000 millones y medio de pesetillas... ¡en concepto de indemnización! Es verdad que apenas si representan unas modestísimas migajas que sumar a su frugal menú: el sueldo anual que sufría el bueno de Fuld rozaba los 30 millones de euros, más las primas en millones de opciones sobre acciones. ¿Y Tain? Ah, John dispondría de esos 10 millones de euros si llegara a perder su puesto de trabajo -¡qué barbaridad, Dios no lo quiera!- tras tener que fusionarse su compañía con Bank Of America para salvarse de la ruina. Merrill es muy generosa: en octubre despidió a su presidente, Stanley O'Neal y le indemnizó con la módica cantidad de unos 110 millones de euros. José K. descarta, porque ya se ha quedado sin ganas, de seguir con Mudd y Syron, o Martin Sullivan (AIG) y James E. Cayne (Bear Stearns).

Pero de este ejercicio recreativo nuestro amigo saca sus consecuencias. A saber: sufrimos los efectos de los actos de rapiña de una pandilla de sinvergüenzas y rufianes que han llevado a sus empresas a la ruina y han puesto en jaque a todo el sistema financiero mundial mientras se embolsaban más y más millones de dólares con ejercicios tan delictivos como multiplicar los papelillos de hipotecas imposibles -papel del Monopoly- y venderlas por todo el mundo. Es lo más parecido a un delito reconocible por todos: hacer billetes falsos e intentar pasarlos como buenos en casinos y prostíbulos. Pero Fuld y los demás eran mucho más finos que los patanes de la mafia y solo les vendían recortes de periódicos a bancos de medio mundo a precio de angulas. Era el timo de la estampita con marchamo de producto financiero para entendidos. Ya saben: no cuentes a mi madre que soy consejero delegado de un banco de Wall Street; dile que soy pianista en un burdel. Y a todo esto, ya casi grita José K., con la vena de siempre en la frente, tenemos a la jodida mariposa revoloteando a nuestro alrededor y tocando los mismísimos con su efecto, y dejando en la calle al primo segundo de su vecina.

Con todo, lo que más le indigna es con qué facilidad presidentes y secretarios del Tesoro han encontrado ahora cerca de un millón de millones en las arcas del Estado, cuando jamás hallaban unas pesetillas para mejorar las becas, para dar casa a los damnificados por el Katrina, para atender a los homeless o para cargarse de un plumazo con el insulto de socialista cualquier proyecto de universalizar la atención sanitaria. Y eso que no quiere entrar José K. en las desigualdades mundiales y la miseria en el Tercer Mundo, para el que las mismas instituciones nunca, nunca, encontraban el dinero para la ayuda. No se le mueve un pelo de la barba a José K. para mantener vivo, en estas circunstancias y porque cree en ello, su ya conocido discurso del elogio del panfleto y la reivindicación de la demagogia.

¿Y aquí? ¿Qué pasa por aquí? Aquí, dice, tenemos a un Gobierno escasamente dotado para las grandes decisiones bajo el mando de un presidente ensimismado en su optimismo panglossiano, absorto en el vuelo de la famosa mariposa -es culpa de ellos- y que no quiere ver nuestra enorme aportación indígena a la crisis en forma de racial mosca o abejorro de cuidado: la construcción. También tenemos a una oposición que duda entre la nada más absoluta de un Mariano Rajoy tan brillantemente vacío de propuestas, o la aspirante Esperanza Aguirre, enfangada hasta las cachas en ofrecer las mismas recetas ultraliberales que están llevando a la ruina al sistema que adora, FAES Dios mediante.

Todo será distinto después de esta crisis, dicen ahora los analistas. José K., claro, no se lo cree. Al menos hasta que la mariposa rebote con el efecto de devolver el empleo a Paco García Pérez, el carpintero, etcétera. Nuestro hombre es sabio. Y triste, muy triste, piensa que, desgraciadamente, el que acertaba era el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, cuando pedía un paréntesis en la economía de mercado. O sea: sálvennos con el dinero de todos los contribuyentes, que luego volveremos los ultraliberales y defensores del mercado a lo nuestro. ¿Sería una deducción exagerada, se pregunta José K., si a lo suyo se le denomina ejercer de depredadores sin vergüenza como John, como Stanley, como Dick, como Daniel, como Richard?
José María Izquierdo

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Gigantes financieros: irán cayendo uno detrás de otro

“Esta crisis es el fruto de la falta de honradez de las

instituciones financieras y de la incompetencia de los políticos”

(Joseph Stglitz, Premio Nobel de Economía)

Es muy difícil que los ciudadanos normales, los que contamos como mucho con unos cuantos cientos de euros, nos demos cuenta del alcance real que está teniendo la crisis financiera y el desastre gigantesco que se está produciendo en los mercados.

Entre otras cosas, porque se están encargando de ocultarlo y, sobre todo, de disimular sus verdaderas causas.

Hemos perdido ya la cuenta de los grandes bancos, fondos de inversión o aseguradoras que han quebrado y de la cifra de los rescates que están pagando los bancos centrales y gobiernos para tratar de salvar a otros muchos.

Sólo en esta semana son cientos de miles de dólares los que se han volatilizado, los que las autoridades han tenido que poner a disposición de los mercados (quiero decir, de los grandes banqueros y financieros que son, en realidad los que tienen cabeza, sentimientos y, sobre todo, bolsillo y no los mercados, como se nos dice) para inyectar la liquidez que parece haber desaparecido por completo.

Los ciudadanos se preguntan qué está pasando y qué es lo que va a pasar, pero los medios de comunicación (la mayoría participados de modo determinante por los propios bancos) y los responsables gubernamentales apenas si se limitan a balbucear vaguedades y justificaciones abstractas que nada aclaran.

En realidad, lo que ha pasado es bastante simple.

Nuestro sistema económico se ha ido consolidando como un sistema financiarizado, porque la compra y venta de activos financieros, de papel, se ha convertido en la forma más fácil y rápida de obtener beneficios. Aunque también la más arriesgada y peligrosa.

Lo que ocurre es que para que eso haya sido posible ha resultado necesario expandir la generación de deuda hasta límites gigantescos.

Hasta hace unos decenios la deuda la generaban los bancos con el fin de crear más dinero con el que podían financiar nuevas actividades económicas productivas.

Hay que saber algo muy sencillo. Cuando Pedro le presta a Solbes 100 euros en metálico, la cantidad de dinero existente en la economía permanece inalterada. Pero cuando Pedro deposita su billete de 100 euros en el Botine's Bank y luego éste presta a Solbes 80 euros, resulta que la cantidad de dinero existente en la economía aumenta en 80 euros. Es verdad que no varia la cantidad de dinero en metálico (100€), pero sí el llamado "dinero bancario" que Botine's Bank acaba de crear (80€).

Es fácil entender el atractivo que tiene este aparentemente mágico negocio bancario: sólo recogiendo en un lado, depositando una parte y prestando a otro se obtiene un sabroso beneficio y, además, se crea dinero que no es un mero papel sino, sobre todo, un instrumento de poder y decisión.

Cuanta más deuda se crea, más beneficio y cuanto más beneficio, más deuda se demanda.

Pero si esto se hacía tradicionalmente para financiar la actividad económica, lo que ahora sucede es que el dinero bancario se utiliza para realizar operaciones financieras que nada tienen que ver con las productivas que crean riqueza y empleo.

Y la crisis actual se ha producido porque hemos llegado al paroxismo. Por un lado, la deuda creada alrededor del boom inmobiliario de Estados Unidos y en general en los demás países es ingente, excesiva e insostenible. Por otro, esa deuda está basada cada vez más en papeles de muy poco valor, muy opacos, tremendamente arriesgados, volátiles, y muchos de ellos literalmente sin valor, como las hipotecas de millones de personas que han dejado de pagarlas.

Como la multiplicación de todas esas operaciones en papeles tan arriesgados llevaba consigo un peligro muy grande, y como se trataba de inversiones que se hacían con cargo a los depósitos o ahorros de particulares y empresas, los bancos trataron de disimular el pantanal de riesgo en el que se estaban metiendo. Y lo hicieron con la complicidad de dos instituciones que se han mostrado como auténticas corresponsables de la crisis: las agencias de rating que alteraban la calificación real de esos valores para hacer creer que no tenían problema, y los bancos centrales, que dejaron hacer libremente sin intervenir, o incluso facilitando todo ello, como en el caso de Estados Unidos.

Pero el pastel estaba llamado a ser descubierto y se descubrió cuando uno detrás de otro los bancos no pudieron disimular por más tiempo sus inversiones en subprime, en paquetes de hipotecas sin valor, en fondos inmobiliarios que ya no tenían mercado, en burbujas que habían estallado o estaban a punto de hacerlo...

Comenzaron a quebrar o a hundirse uno detrás de otro y en esas estamos.

La procesión ha comenzado pero que nadie crea ni por asomo que se atisba su final. De hecho, en España ni siquiera ha comenzado, y es seguro que comenzarán a caer también.

Es seguro que van a seguir cayendo uno detrás de otro mientras que no se corte de raíz este proceso infernal de derivación financiera, de especulación desmedida, de descontrol de los capitales, de inversiones en burbujas...

Y es seguro que van a seguir cayendo mientras que los bancos centrales sigan haciendo lo que están haciendo: echar leña al fuego inyectando cada vez más dinero que no sirve sino para que las grandes financieras sigan haciendo lo único que saben hacer y que es lo que ha provocado la crisis.

Se ha llegado a una situación tan extrema que ya no cabe más solución que hacer mesa limpia, gobernar al dinero, domeñar a las finanzas, someter a los banqueros al poder de la democracia ciudadana, obligar a que la financiación esté al servicio de las empresas y los consumidores, prohibir el delito financiero continuado en paraísos y evasiones fiscales, imponer la transparencia y obligar a los ricos respeten también principios elementales de moralidad y equidad.

Pero los que están en el poder no dicen ni quieren hacer nada. Ni son conscientes de lo que han liado ni tienen la menor idea de por dónde empezar a cortar ni, por supuesto, tienen la valentía suficiente para decirle a los banqueros y financieros que han provocado todo esto que hasta aquí hemos llegado y que tienen que hacer frente al desaguisado.

Tendremos que decirlo los ciudadanos.

Juan Torres López

lunes, 4 de agosto de 2008

La mochila y el currículum

Llueve a ratos, y Madrid está frío y desapacible. Pasan paraguas al otro lado del escaparate de la librería de mi amigo Antonio Méndez, el librero de la calle Mayor. Estamos allí de charla, fumando un pitillo rodeados de libros mientras Alberto, el empleado flaco, alto y tranquilo, que no ha leído una novela mía en su vida ni piensa hacerlo -«ni falta que me hace», suele gruñirme el cabrón- ordena las últimas novedades. En ésas entra un chico joven con una mochila a la espalda, y se queda un poco aparte, el aire tímido, esperando a que Antonio y yo hagamos una pausa en la conversación.

Al fin, en voz muy baja, le pregunta a Antonio si puede dejarle un currículum. Claro, responde el librero. Déjamelo. Y entonces el chico saca de la mochila un mazo de folios, cada uno con su foto de carnet grapada, y le entrega uno. Muchas gracias, murmura, con la misma timidez de antes.

Si alguna vez tiene trabajo para mí, empieza a decir. Luego se calla. Sonríe un poco, lo mete todo de nuevo en la mochila y sale a la calle, bajo la lluvia.

Antonio me mira, grave. Vienen por docenas, dice. Chicos y chicas jóvenes. Cada uno con su currículum. Y no puedes imaginarte de qué nivel. Licenciados en esto y aquello, cursos en el extranjero, idiomas. Y ya ves. Hay que joderse.

Le cojo el folio de la mano. Fulano de Tal, nacido en 1976. Licenciado en Historia, cursos de esto y lo otro en París y en Italia. Tres idiomas. Lugares, empresas, fechas. Cuento hasta siete trabajos basura, de ésos de tres o seis meses y luego a la calle. Miro la foto de carnet: un apunte de sonrisa, mirada confiada, tal vez de esperanza. Luego echo un vistazo al otro lado del escaparate, pero el joven ha desaparecido ya entre los paraguas, bajo la lluvia.

Estará, supongo, entrando en otras tiendas, en otras librerías o en donde sea, sacando su conmovedor currículum de la mochila. Le devuelvo el papel a Antonio, que se encoge de hombros, impotente, y lo guarda en un cajón.

Él mismo tuvo que despedir hace poco a un empleado, incapaz de pagar dos sueldos tal y como está el patio. Antes de que cierre el cajón, alcanzo a ver más fotos de carnet grapadas a folios:

chicos y chicas jóvenes con la misma mirada y la misma sonrisa a punto de borrárseles de la boca. España va bien y todo eso, me digo. La puta España. De pronto la tristeza se me desliza dentro como gotas frías, y el día se vuelve más desapacible y gris. Qué estamos haciendo con ellos, Maldita sea. Con estos chicos.

Antonio me mira y enciende otro cigarrillo. Sé que piensa lo mismo. En qué estamos convirtiendo a todos esos jóvenes de la mochila, que tras la ilusión de unos estudios y una carrera, tras los sueños y el esfuerzo, se ven recorriendo la calle repartiendo currículum en los que dejan los últimos restos de esperanza Licenciados en Historia o en lo que sea, ocho años de EGB, cinco de formación profesional, cursos, sacríficios personales y familiares para aprender idiomas en academias que quiebran y te dejan tirado tras pagar la matrícula. Indefensión, trampas, ratoneras sin salida, empresarios sin escrúpulos que te exprimen antes de devolverte a la calle, políticos que miran hacia otro lado o lo adornan de bonito, sindicatos con más demagogia y apoltronamiento que vergüenza.

Trabajos basura, desempleos basura, currículums basura. Y cuando el milagro se produce, es con la exigencia de que estés dispuesto a todo: puta de taller, puta de empresa, boca cerrada para sobrevivir hasta que te echen; y si tienes buen culo, a ser posible, deja que el jefe te lo sobe. Aún así, chaval, chavala, tienes que dar las gracias por los cambios de turno arbitrarios, los fines de semana trabajados, las seiscientas horas extras al año de las que sólo ochenta figuran como tales en la nómina. Y si encima pretendes mantener una familia y pagar un piso date con un canto en los dientes de que no te sodomicen gratis. Flexibilidad laboral, lo llaman. Y gracias a la flexibilidad de los cojones se han generado, dice el portavoz gubernamental de turno tropecientos mil empleos más, y somos luz y fan de Europa. Guau. Gracias a eso, también, un chaval de veintipocos años puede disfrutar de la excitante experiencia de conocer ocho empleos de chichinabo en tres o cuatro años, y al cabo verse el la calle con la mochila, buscándose la vida bajo la, lluvia.

Partiendo una y otra vez de cero. Flexibilidad laboral. Rediós. Cuánto eufemismo y cuánta mierda. A ver qué pasa cuando, de tanto flexionarlo, se rompa el tinglado y se vaya todo al carajo, y en vez de currículums lo que ese chico lleve en la mochila sean cócteles molotov.
Arturo Pérez Reverte

miércoles, 16 de julio de 2008

Carta de despedida de un españolito mileurista

Queridos amigos,

He estado dándole vueltas al asunto mucho tiempo y al final he tomado una decisión. Me piro. Me largo. Hasta luego Lucas. Esta misma mañana he comprado un billete de avión, sólo ida. Me voy a Dublín; el próximo lunes a estas horas oficialmente ya no viviré aquí. Dudo que os sorprenda la noticia; creo que todos vosotros habéis sufrido alguna de mis disertaciones nocturnas bañadas en gintonic. Si eres el afortunado o afortunada al que aún no he cogido por banda un viernes noche en el O’Donell y le he contado mis penas, lo siento pero tu suerte acaba de abandonarte.

Esto no era lo que nos habían prometido. Algo ha fallado. Somos demasiado jóvenes como para mirar al pasado con nostalgia y al futuro con resignación. ¡Joder, que apenas tenemos treinta años! La vida tendría que empezar ahora. Lo siento, me niego a pasar una noche más ahogando mis sueños en alcohol. Aún estoy a tiempo de hacer algo.

Es curioso, desde que he comprado el billete no dejan de asaltarme los recuerdos. Hace un rato me ha venido a la memoria una noche en que nos reunimos Javi, Ramón y yo a estudiar para un examen de cálculo. Por un momento he vuelto a aquella habitación destartalada del piso de Javi donde tantas horas pasamos. Era tarde; estábamos a oscuras a excepción de la pequeña lámpara en el centro de la mesa redonda empapelada de apuntes. Recuerdo que llovía a mares; teníamos la ventana entreabierta y el olor a tierra mojada se mezclaba con el humo de los cigarrillos y el aroma del café recién hecho. Debían de ser como las cinco de la mañana cuando nos quedamos sin tabaco. No teníamos ni un duro, así que nos dedicamos a poner la casa patas arriba en busca de dinero. Miramos en todos los cajones, bajo los muebles, dentro de los jarrones, en los bolsillos de la ropa sucia, incluso entre los almohadones del sofá. Al final nos hicimos con un buen puñado de moneditas mugrientas y salimos en peregrinación a la gasolinera, que estaba en la quinta puñeta. No teníamos paraguas. Las calles estaban vacías, pero de alguna forma parecían llenas de vida.

Todo tenía significado: la lluvia, la luz de una farola, un jardín, un árbol, un viejo portón de madera… El mundo estaba pintado con una paleta de sensaciones. Llegamos a la gasolinera y, entre risas, fuimos metiendo las monedas en la máquina de tabaco. Nos llegó justo para un paquete del más barato. Fuimos a guarecernos a un portal cercano, sacamos un cigarro cada uno y fumamos despacio. El humo formaba extrañas figuras que se perdían en la lluvia. Yo las seguía con la mirada y las imaginaba colándose por la ventana en la habitación de alguna chiquilla guapa y romántica que no podía dormir y que se pasaba las horas mirando al techo imaginándome a mí. Durante un instante nuestros alientos estarían unidos por finas hebras de humo. Lo pensaba y se me aceleraba el pulso.

Todo parecía tan posible, tan a nuestro alcance… Éramos tres chavales que no tenían ni donde caerse muertos, fumando el peor tabaco del mundo en una calle desierta la noche antes de un examen que íbamos a suspender, pero amábamos la vida. Nuestros corazones bombeaban sueños que nos corrían por las venas y nos hacían cosquillas en el estómago. Teníamos futuro, motivación, aspiraciones, posibilidades. Éramos libres y todo estaba por ver.

Luego llegó la hora de la verdad, o más bien de las mentiras. Tanto esfuerzo, tantas noches sin dormir, tantos años esperando a que empezase la vida, y de pronto miro atrás y descubro que aquello fue más vida que esto. ¿Cuándo ha sido la última vez que habéis sentido cosquillas en el estómago? Ahora todo está demasiado lejos y siempre es demasiado tarde.

Ahorramos energías, ahorramos tiempo, ahorramos dinero. No nos sobra ninguna de las tres cosas. Algún día, nos decimos. Pronto. Este año no va a poder ser, pero el que viene mejorarán las cosas. Llegará el ascenso, el aumento de sueldo. Bajarán los tipos de interés y al fin podremos relajarnos, dormir a pierna suelta, dejar de hacer horas extras. Ver un poco de mundo. Llevamos toda la puta vida sacrificándonos por un futuro que nunca llega. El mañana es la zanahoria que el sistema nos pone delante para que sigamos tirando del carro. Mientras, nuestros sueños se marchitan y el pelo se nos cubre de canas. Esa llama interior que calentaba las noches de invierno e iluminaba las calles desiertas ha acabado por apagarse. Ya no nos queda nada.

No, España no va bien, por mucho que nos lo repitan. Vivimos una triste farsa que día a día nos esforzamos en creer. Intentamos convencernos de que hemos conseguido todo aquello que el sistema nos prometió a cambio de nuestros años de sacrificio: un trabajo bien remunerado, una vivienda digna, tiempo libre, seguridad social, libertad de expresión, libertad de elección. Pero apenas nos dan unas migajas, a todas luces insuficientes. Y lo triste del asunto es que se nos induce a pensar que la culpa es nuestra. Esos señores de pétrea sonrisa que salen por la tele nos han hecho creer que todo está al alcance de la mano, que aquí de verdad hay oportunidades para todos.

Deberíamos sentirnos ultrajados pero nos sentimos fracasados. Quizás sea por eso que la gente finge ser feliz. Se avergüenzan de sí mismos, piensan que son los únicos que fuerzan las sonrisas. Creen que todos los demás son verdaderos triunfadores y que ellos son los únicos que piden créditos al banco para comprar un coche que no necesitan con un dinero que no van a poder devolver, sólo para que nadie piense que han fracasado.

Desde luego que la presión es mucha; cada día recibimos de media unos 300 impactos publicitarios, todos con el mismo mensaje: aún no tienes suficiente, aún no eres suficiente. El modelo de hombre que se nos impone es una especie de James Bond de físico perfecto que viste a la ultimísima moda, se mueve en coches de lujo y define su identidad a través del consumo. Un patriota siempre al servicio de su majestad que jamás cuestiona a sus superiores. A mí esto me parece la definición del perfecto gilipollas, pero resulta que en las películas las tipas se desmayan a su paso. Así que todos quieren parecerse al él. A la mujer se la invita a reivindicar con orgullo su derecho a parecerse cada vez más a Don Perfecto Gilipollas. Eso es igualdad, sí señor.

¿De verdad que pasamos diez horas en la oficina, dos en el coche, tres en el gimnasio, una en el estilista y otra en la tienda de ropa, sólo para poder entrar a un local de moda con nuestro bronceado de rayos uva, una camisa de seda, una cadena de oro, las cejas depiladas, los dientes blanqueados, las uñas sin cutículas y una dosis esnifable de autoconfianza, a pedir un Martini seco con vodka (removido, no agitado)? ¿Qué pasa entonces, alcanzamos la inmortalidad, la trascendencia, el Nirvana? ¿Se solucionan por arte de magia todos los problemas del mundo? ¿El espíritu de Nietzsche nos reconoce como el superhombre? Me pregunto si somos víctimas de la propaganda o si es que simple y llanamente somos imbéciles.

España va bien. Sí, hombre, sí. España lo que se va es a tomar por culo y yo no tengo intención de hundirme con el barco. Nos hemos lanzado de cabeza a la piscina capitalista y mientras contemplamos maravillados nuestro bonito reflejo sobre el agua, las pirañas neoconservadoras nos devoran los cojones.

Y parece que nos da igual; sólo nos importa la estética. Yo puedo llegar a entender la necesidad de estética cuando todo lo demás ya se ha alcanzado en la sociedad: una vez construida la casa de nuestros sueños, el siguiente paso es la decoración de interiores, la cerámica, el macramé, todo eso. Pero lo nuestro es de locos. Aún tenemos una casucha a medio hacer que ha costado sangre construir, y estamos vendiendo los cimientos para colgar un puto cuadro hortera de Andy Warhol. Al final se derrumbará todo el tinglado y millones de snobs quedarán sepultados bajo los escombros con sus camisas de seda y sus cadenas de oro y sus Martinis secos removidos, no agitados.

Ya sé lo que estaréis pensando algunos. Lo de siempre: que me caliento mucho el tarro, que un día me va a dar algo, que así no se puede vivir, que lo importante son las pequeñas cosas de la vida. Que esto es lo que hay. Lo comprendo, pero a mí por el momento las pequeñas cosas de la vida se me pegan al alma como una merluza al cristal de una ventana. Creo que he perdido la capacidad de sentir, y esto es una aberración. No, esto no es lo que hay. No quiero dejarme convencer. No me malinterpretéis; no es que el mundo se me haya quedado pequeño. No soy más guapo ni más listo ni me merezco más que nadie. No busco la gloria ni la fortuna ni ando persiguiendo paraísos utópicos. Sólo quiero salir al mundo, ver las cosas en perspectiva y, si es posible, recuperar el amor por la vida.

Así que, amigos, hasta aquí hemos llegado. Es jueves, son las dos de la mañana, está diluviando, y yo no tengo más que algo de dinero suelto y un billete de avión. Cuando os envíe estas palabras bajaré a la calle a fumarme un cigarro bajo la lluvia. El domingo saldré volando a perseguir el humo. Sé que en alguna parte hay una chiquilla guapa y romántica que piensa en mí, y ya la he hecho esperar demasiado.

Un fuerte abrazo de vuestro amigo.
Alfredo de Hoces

El final del a cuenta atras...

La cuentra atras ya esta en marcha. comenzo ayer con la solicitacion de concurso de acreedores por parte de Fernando Martin, presidente de Martinsa-FADESA.

Concurso de acreedores, lo que viene siendo la quiebra tecnica de toda la vida, es el nuevo eufemismo muy empleado por las empresas del sector: constructoras, promotoras e inmobiliarias, con la intencion de comunicar que no tienen ni un puto euro.

Lo que pasa es que ahora se le llama asi... es como si fuera mas suave, vende mas.

G-14, G-13, G-12, G-11... el reloj esta en marcha.

lunes, 14 de julio de 2008

Las tres crisis

Por vez primera en la historia económica moderna, tres crisis de gran amplitud -financiera, energética, alimentaria- están coincidiendo, confluyendo y combinándose.

No había ocurrido jamás. Por vez primera en la historia económica moderna, tres crisis de gran amplitud -financiera, energética, alimentaria- están coincidiendo, confluyendo y combinándose. Cada una de ellas interactúa sobre las demás. Agravando así, de modo exponencial, el deterioro de la economía real. Por mucho que las autoridades se esfuercen en minimizar la gravedad del momento, lo cierto es que nos hallamos ante un seísmo económico de inédita magnitud. Cuyos efectos sociales apenas empiezan a hacerse sentir y que detonarán con toda brutalidad en los meses venideros. Lo peor nunca es seguro y la numerología no es una ciencia exacta, pero el año 2009 bien podría parecerse a aquel nefasto 1929...

Como era de temer, la crisis financiera sigue agudizándose. A los descalabros de prestigiosos bancos estadounidenses, como Bear Stearns, Merrill Lynch y el gigante Citigroup, se ha sumado el desastre reciente de Lehman Brothers, cuarta banca de negocios que ha anunciado, el pasado 9 de junio, una pérdida de 1.700 millones de euros. Por ser su primer déficit desde su salida en Bolsa en 1994, esto ha causado el efecto de un terremoto en una América financiera ya violentamente traumatizada.

Cada día se difunden noticias sobre nuevos quebrantos en los bancos. Hasta ahora, las entidades más afectadas han reconocido pérdidas de casi 250.000 millones de euros. Y el Fondo Monetario Internacional estima que, para salir del desastre, el sistema necesitará unos 610.000 millones de euros (o sea, el equivalente de ¡dos veces el presupuesto de Francia!).

La crisis comenzó en Estados Unidos, en agosto de 2007, con la morosidad de las hipotecas de mala calidad (subprime) y se ha extendido por todo el mundo. Su capacidad de transformarse y de extenderse mediante la proliferación de complejos mecanismos financieros hace que esta crisis se asemeje a una epidemia fulminante imposible de atajar.

Las entidades bancarias ya no se prestan dinero. Todas desconfían de la salud financiera de sus rivales. A pesar de las inyecciones masivas de liquidez efectuadas por los grandes bancos centrales, nunca se había visto una sequía tan severa de dinero en los mercados. Y lo que más temen algunos ahora es una crisis sistémica, o sea que el conjunto del sistema económico mundial se colapse.

De la esfera financiera la crisis se ha trasladado al conjunto de la actividad económica. De golpe, las economías de los países desarrollados se han enfriado. Europa (y en particular España) se halla en franca desaceleración, y Estados Unidos se encuentra al borde de la recesión.

Donde más se está notando la dureza de este ajuste es en el sector inmobiliario. Durante el primer trimestre de 2008, el número de ventas de viviendas en España cayó el ¡29%! Cerca de dos millones de pisos y de chalets no encuentran comprador. El precio del suelo sigue desmoronándose. Y el alza de los intereses hipotecarios y los temores de recesión hunden el sector en una espiral infernal. Con feroces efectos en todos los frentes de la enorme industria de la construcción. Todas las empresas de estas ramas se ubican ahora en el ojo del huracán. Y asisten impotentes a la destrucción de decenas de miles de empleos.

De la crisis financiera hemos pasado a la crisis social. Y vuelven a surgir políticas autoritarias. El Parlamento Europeo ha aprobado, el pasado 18 de junio, la infame "directiva retorno". Y las autoridades españolas ya han proclamado su voluntad de favorecer la salida de España de un millón de trabajadores extranjeros...

En medio de esta situación de espanto se produce el tercer choque petrolero. Con un precio del barril en torno a los 140 dólares. Un aumento irracional (hace diez años, en 1998, el barril costaba menos de 10 dólares...) debido no sólo a una demanda disparatada sino, sobre todo, a la acción de muchos especuladores que apuestan por el alza continua de un carburante en vías de extinción. Los inversores huyen de la burbuja inmobiliaria y desplazan masas colosales de dinero porque apuestan ahora por un petróleo a 200 dólares el barril. Se está así produciendo una financiarización del petróleo.

Con las consecuencias que vemos: formidable subida de los precios en las gasolineras, y estallidos de ira por parte de pescadores, camioneros, agricultores, taxistas y todos los profesionales más afectados. En muchos países, mediante manifestaciones y enfrentamientos, estas profesiones reclaman a sus Gobiernos ayudas, subvenciones o reducciones de la fiscalidad.

Por si todo este contexto no fuese lo bastante sombrío, la crisis alimentaria se ha agravado repentinamente y ha venido a recordarnos que el espectro del hambre sigue amenazando a casi mil millones de personas. En unos cuarenta países, la carestía actual de los alimentos ha provocado levantamientos y revueltas populares. La Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) del pasado 5 de junio en Roma sobre la seguridad alimentaria fue incapaz de alcanzar un acuerdo para relanzar la producción alimentaria mundial. También aquí, los especuladores en fuga del desastre financiero tienen una parte de responsabilidad porque apuestan por un precio elevado de las futuras cosechas. De modo que hasta la agricultura se está financiarizando.

Éste es el saldo deplorable que deja un cuarto de siglo de neoliberalismo: tres venenosas crisis entrelazadas. Va siendo hora de que los ciudadanos digan: "¡Basta!".
Ignacio Ramonet

jueves, 12 de junio de 2008

2084. Ni canarios ni ostias.

Año 2084 de la Era Terrícola.

Tras el credit crunch , el peak oil , el cambio climático y la obligatoriedad de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, el planeta Tierra se enzarzó en una guerra termonuclear que arrasó la practica totalidad de formas de vida diferentes de los insectos.

Tras el invierno nuclear producido por las miles de toneladas de partículas de cenizas en suspensión, pudo verse desde el espacio que las milenarias pirámides se habían desintegrado, la Gran Muralla china se había derretido y sólo permanecían en pie , inmarcesibles , inasequibles al desaliento, enhiestos y desafiantes gracias a sus calidades de lujo, los Residenciales de Seseña.

Todo se redujo a polvo, el acero , el hormigón , el titanio, los diamantes. Todo excepto los ladrillos , el climalit y el pladur de Pocerogrado.

Cuando pasaron veinticuatro horas desde que el Chiquilicuatre venció en Eurovisión y le dedicó en triunfo a Angela Merkel pidiéndola más fondos de cohesión para el folclore de España, se armó la de Dios es Cristo . Y a los Polaris que despegaban de sus submarinos atómicos les respondimos dejando de pagar nuestros Polaris World con el dinero que nos habían prestado los bancos alemanes.

“ A por los cabezas cuadradas” abría la primera página del ABC.

Marlo ganó la porra del “Pájaro en la mina” y le envió a Bush un carné de su selecto club para que se hiciese socio vitalicio. George Doble uve ( por el güisqui) Bush que no sabía como dar salida al stock de la principal industria del país , se unió a la fiesta por la democracia y la libertad y propagó la mascletá por la Cuenca del Rhur , los Urales y la Riviera francesa , pues andaba algo retrasado en geografía y no quería quedarse corto.

España envió su portaaviones Dédalo, que llegó casi hasta la isla de Perejil antes de hundirse, debido a la colisión fortuita con un patín que andaba por las inmediaciones de la costa.

El efecto mariposa devastó el planeta.

Pero los checheños que permanecían en sus bunkercasas poceriles chateando en nuevosvecinos.com cuando se produjo la gran deflagración , sobrevivieron.

Sobrevivieron y se alegraron un huevo de la desaparición total de la sobreoferta ladrillil que unos días antes había rebajado sus zuletes 60.000 euros. Eufóricos empezaron a enviar post jocosos y humillantes a Burbuja.info , pero nadie respondía puesto que los extintos burbus vivían de alquiler en cuchitriles o directamente debajo de los puentes por presumir de ahorros, y esa triste y desprotegida existencia , tan lejos del pladur, les había abocado a la desaparición.

Los checheños se adaptaron al aislamiento. Seguían haciendo manifestaciones de quince o veinte personas para pedir infraestructuras, pero sólo buscando revalorizaciones. El obligado proceso endogámico entre los ya mermados intelectualmente pepitos pioneros, dio lugar a sucesivas estirpes cada vez más desahuciadas.

A partir de la tercera generación , cuando nacía un nuevo checheño, tiraban el feto y se quedaban con la placenta.

“ Es igual que su abuelo “ exclamaba invariable la panzersuegra. La placenta crecía y se manifestaba pidiendo metro para Pocerogrado.

Se alimentaban de insectos. Iban corriendo con la boca abierta por esas inmensas avenidas desoladas, como bípedos murciélagos sin más radar , ni protección , que su pétrea y desproporcionada cabeza , espolón de proa de la galera pepitil.

Ya sabían que los ladrillos eran comestibles y que tenían sabor a curry, pero ampliaron su dieta poceril cuando descubrieron todo el mundo de exóticos sabores escondido en el pladur rallado.

Los paraísos artificiales, que nublaban sus mentes en las ebrias noches posteriores al colapso, los conseguían mediante la incineración de los millones de neumáticos que adornaban su meseta, inhalando sus efluvios a continuación, todos juntos hacinados en un trastero.

Fue entonces cuando Therk y Zrstx , dos alienígenas provenientes de Titán , al cual habían dejado ya sin petróleo, descendieron en su nave sobre Seseña dispuestos a expoliar todo el combustible fósil del planeta.

Therk y Zrstx eran morfológicamente parecidos a pulpos cabezones e intelectualmente de la misma ralea que el hombre blanco.

Zrstx: dah ehh heb hj j hj uiwehuyg u *
• Estos hijos de puta de Orión nos han engañado.
Therk : ehjg h yty thyt sf.*
• Ya que estamos vamos a darnos un rulo por ahí.

Orión y Titán , al igual que los laboratorios farmacéuticos , se daban pistas falsas para retrasar la investigación de los rivales y poder obtener patentes, aunque en este juego de despistes mutuos muriesen alienígenas. ( Ya hemos dicho que eran como nosotros ).

Al descender de la nave, los ciento cuarenta checheños que habitaban la Tierra salieron corriendo hacia ellos con los brazos y la boca abierta .

Sólo querían enseñarles sus zulos para darles el pase , y Zrstx y Therk eran la primera demanda potencial en 75 años.
Se abalanzaron como salchicharrenses ante un 3x2 del Hipercor.

Therk se puso nervioso y les achicharró con su lanzallamas.

Inermes fuera de sus pisitos , los checheños fueron pasto de las llamas.” Ehy ueuy yueyu y y”* ( “de esto ni mu “dijo Therk).
Los alienígenas recogieron algunos objetos para llevárselos de vuelta a Titán. En concreto un video del Chiquilicuatre , otro de los Rolling Stones y un neng de plástico .

Tras eones de sesudos estudios por parte de los catedráticos de Titán, se aceptó por amplio consenso que el Chiquilicuatre , más joven y multidisciplinar (como prueba que sólo llevase un instrumento de infinitos sonidos) además de un consumado bailarín , era la apoteosis de la cultura terrícola, muy superior , que duda cabe , a los cuatro viejos del otro video que llegó del mismo planeta.

El neng , encontrado en una especie de recoleto refectorio con ventanas , sin ruedas ( se las fumaron los checheños) y con cómodos asientos, no dudaron que se trataba de un exvoto con el que convocaban los terrícolas a sus dioses para que trajesen muchos mosquitos.

Sdrekx suspendió 5º de Astronaútica al no saber responder en el examen de Historia Interestelar a la pregunta de : ¿ Cuáles son los cuatro pasos del Chiquilicuatre ?.

PD- Ya es casualidad ya , que cuando se quemaron casi medio millón de libros en la Biblioteca de Alejandría ( papiros enrollados cada uno) se fuesen a salvar los mejores.

Escrito por el usuario Ferroviario del foro burbuja.info

lunes, 4 de febrero de 2008

La España del 2020

La España del 2020 es la heredera de los “años locos” aquella primera década del siglo XXI en la que un país al completo se volcó en el culto al ladrillo como máxima expresión de riqueza y progreso.

Miles de zulitos de hormigón salpicaron el paisaje hispano modificando la geografía social y física del territorio para siempre. Los “adosaos” invadieron las huertas y desplazaron a los cultivos, creando nuevas extensiones urbanas que fueron acorralando poco a poco a las actividades agrícola-ganaderas en escasas reservas.

Hacia 2008 el modelo comenzó a mostrar síntomas de agotamiento. Las tres industrias principales que significaban en grueso de la actividad económica: ladrillo, turismo y automóvil estaban en retroceso y el consumo interno estaba seriamente tocado.

En un primer momento, la crisis económica pareció ser “administrable” pero cuando finalmente el banco central Europeo demandó el pago de la deuda interbancaria española por parte de bancos y cajas, el gobierno tuvo que reconocer la incapacidad del país de atender las obligaciones y tuvo lugar el “Corralete español”.

Por decreto se devolvió a la circulación a la peseta, que convivía con el Euro de manera extraoficial. Oficialmente estábamos expulsados del Euro y la moneda nacional volvía a ser la peseta, pero a nivel practico en cualquier sitio se admitía el pago con Euros según la tarifa de cambio oficial, cuando no la vigente en el mercado negro.

La reimplantación de la peseta había traído consigo un nuevo tipo de cambio respecto del Euro, de tal forma que salarios, precios, ahorros y deudas habían sido re-denominados en pesetas. Con esta medida se pretendía devolver una cierta capacidad de devaluación para poder mejorar la balanza de pagos exterior española, una de las más desequilibradas del mundo. Sin embargo, a pesar de la medida, la capacidad exportadora española no compensaba el crónico desequilibrio. Las materias primas habían continuado subiendo de precio conjuntamente con la energía y los manufacturados españoles no podían competir con los productos asiáticos que inundaban los mercados.

El modelo económico español hasta la primera década del siglo XXI había cubierto esta diferencia entre lo que importa y lo que exporta, gracias el turismo y sobretodo a la entrada en España de financiación exterior, es decir créditos concedidos por instituciones bancarias extranjeras, pero desde 2007 la cantidad de dinero que entraba no llegaba a cubrir ni el 10% de lo requerido. http://www.cotizalia.com/cache/2008/..._f ondos.html

Las empresas españolas tenían grandes dificultadas para adquirir materiales en el exterior y una oleada de quiebras incrementó el paro hasta niveles ingobernables.

Las tensiones sociales e inseguridad reinante sólo contribuyan a agravar las tensiones y espantar el poco turismo que podía permitirse viajar.

En efecto; el elevado paro y la precariedad laboral crónica habían puesto en la calle a una elevada masa de población, que conjuntamente con la inmigración desarraigada, no encontraban medios de subsistencia estables.

Debido a la falta de divisas, la importación de combustibles había disparado su precio y las faraónicas infraestructuras viarias de los “años locos” aparecían ahora casi desiertas de coches. Las tarjetas de crédito y de compra de combustibles se habían convertido en la práctica en tarjetas de racionamiento que sólo permitían un cierto nivel de gasto mensual por titular. Excederse en los gastos de un mes podía significar el pago de grandes comisiones que se restaban al mes siguiente o incluso el bloqueo de la tarjeta.

La gente sólo cogía el coche por alguna emergencia y la mayoría de los desplazamientos cotidianos se realizaba en el carísimo, precario y saturado sistema de transportes públicos.

Había muy poco dinero físico circulante en la calle ya que la mayoría de los pagos mediante la nueva peseta sólo podían realizarse mediante la tarjeta electrónica y todos los establecimientos de venta estaban obligados a realizar sus operaciones a cargo de dicha tarjeta. El mercado negro florecía, pero funcionaba casi exclusivamente en Euros que pocos podían permitirse.

A nadie se le ocurría dejar gasolina en el tanque, si dejabas el coche aparcado en la calle. La gente instalaba grifos de fondo protegidos por un candado para poder recuperar el preciado liquido y se lo llevaban a sus casas para conservarlo o incluso cocinar.

La electricidad se había vuelto tan cara que encender una vitrocerámica varios días al mes podía vaciar tu cuenta de la tarjeta. El gas también se había puesto carísimo y era demasiado difícil conseguirlo en el mercado negro, de modo que la gente recurrió a unos hornillos de gasolina fabricados en chapa metálica reciclada, cuyos quemadores impregnaban de un característico olor el ambiente de los bloques de zulitos de las áreas urbanas.

El coste de la alimentación sufrió un incremento bestial, primeramente impulsado por la especulación pura, asociada la dedicación de mas hectáreas a la producción de biocombustibles, que terminó arruinando a muchos productores ganaderos, pero luego fue la producción agrícola la que se enfrentó a graves carencias de agua, altos precios de los fertilizantes y dificultades para la distribución. Los agricultores habían reducido su nivel de producción a mínimos de subsistencia. Nadie se arriesgaba a invertir en semilla y laboreo para luego encontrarse con que la cosecha era arruinada por una sequía, o porque la producción no podía transportarse hasta los centros de consumo y por lo tanto cobrar. La distribución de alimentos estaba férreamente controlada por la administración, mediante el sistema de pagos por tarjeta electrónica en establecimientos detallista autorizados y controles de acceso en las redes viarias que suministraban a las ciudades.

Los ayuntamientos eran responsables del cobro directo de los impuestos estatales sobre cualquier mercancía que entrase en su término municipal. Estos impuestos se repartían luego entre las diferentes administraciones estatal y local. A tal efecto se habían creado los “fielatos” unas zonas de inspección donde todo vehiculo o transeúnte tenia que declarar su carga y pagar bien en Euros o con la nueva peseta electrónica.

En los ayuntamientos pequeños, los controles eran más bien laxos, pero los grandes ayuntamientos perseguían con avidez cualquier posible fuente de financiación y sólo era posible ablandar estas rigideces mediante en consiguiente soborno en Euros a los funcionarios de turno.

Una vez satisfecho el fielato, las mercancías podían acceder “libremente” tanto al mercado negro como al mercado oficial. El mercado oficial consistía en las tiendas autorizadas provistas de Terminal para el cobro a cargo de tarjeta electrónica. El mercado negro evidentemente funcionaba casi exclusivamente en Euros.

Manuel vivía en un típico piso construido durante los “años locos” Era un zulito de 50 metros cuadrados en un bloque de 5 plantas de barrio periférico en la gran ciudad.

Manual trabajaba oficialmente como mecánico en un taller que reparaba camiones para la cooperativa de transportistas. Extraoficialmente, manual regentaba una red de recuperación de repuestos en el mercado negro. Con su sueldo oficial casi llegaba a fin de mes, permitiéndose pagar hasta 3 horas de servicio de electricidad al día, mientras que sus ganancias en euros provenientes del mercado negro eran cuidadosamente atesoradas en un secreto lugar del zulito que compartía con su mujer.

Manuel podía considerarse afortunado. Su nómina en nuevas pesetas ingresada en la cuenta de la tarjeta le permitían comer todos los días del mes e incluso pagar por 3 horas de electricidad, cuando la mayoría de vecinos de su bloque sólo accedían a una hora de electricidad. Ello era posible porque Manuel cocinaba con gasoil que “recuperaba” de los camiones en su trabajo. Sus amigos solían reunirse en el zulito los viernes por la tarde para aprovechar las dos horas extra de electricidad viendo la “triple champions liga” que la única cadena de televisión sobreviviente ofrecía para todo el país. Este entretenimiento era el único pasatiempo seguro para las horas de oscuridad.

Mirando por la ventana del zulito de Manuel se veían muy pocos pisos iluminados y sólo unas pocas farolas públicas en cada calle. La noche era de las sombras, los contrabandistas y los recuperadores. Manuel abrió la ventana para renovar el viciado aire del zulito con olor a gasoil y aceite usado que emanaba del hornillo donde calentaban la cena. A sus 45 años, su status como privilegiado asalariado provenía de su especial habilidad para canibalizar camiones cuyos repuestos ya no se conseguían y para “trampear” motores; es decir, suprimirles los controladores electrónicos a fin de que pudiesen quemar aceites remezclados con el gasoil, lo cual permitía a la cooperativa hacer mas kilómetros con los mismos camiones y la cuota de combustible asignada.

Mientras se asomaba por la ventana, Manuel trató de imaginar por donde andaría su único hijo entre la negrura de la noche. Manuel tenia un hijo veinteañero de su anterior matrimonio que vivía esporádicamente con ellos en el zulito. José Luís no tenia trabajo ni tarjeta electrónica ni posibilidad de acceder a las nuevas pesetas. Desilusionado por las expectativas, había dejado de estudiar al cumplir los 18 así que tampoco tenia derecho a comer gratis en el comedor de la juventud. Manuel sabía que su hijo frecuentaba una banda de recuperadores que Vivian de los robos de cobre y baterías, pero esta noche era viernes y tocaba luna nueva. José Luís y su banda habían planeado robar paneles fotovoltaicos de una huerta solar en las afueras. Los robos de paneles solares estaban fuertemente perseguidos y una vez al mes un helicóptero de las fuerzas del orden sobrevolaba la ciudad para detectar los paneles robados que se instalaban en las azoteas de algunos bloques de zulitos. Los vecinos se apresuraban entonces para cubrir con lonas los inconfundibles paneles que frecuentemente eran el único suministro eléctrico con que contaban los “desenchufados”; aquellos a los que no les alcanzaba el saldo de la tarjeta o que simplemente no disponían de ingreso alguno.

Manuel pensó en su hijo y por un momento se enfureció al considerar las expectativas que le aguardaban en la ciudad. Hacia años, su anterior mujer les había propuesto emigrar al campo, volver a la tierra pero Manuel se negó a torcer sus expectativas profesionales y su hijo se quedó con El.

Ahora lamentaba amargamente aquella decisión que condenaba a su único hijo a un futuro incierto y un presente precario.

Manuel oyó que tocaban en la puerta y cerró la ventana para recibir a sus amigotes.

Encendieron la televisión en espera del gran partido, mientras aún las noticias anunciaban los grandes éxitos económicos del nuevo gobierno de coalición nacional, una amalgama política de izquierda, derecha, banqueros y empresarios que se presentaba como el “gobierno de salvación nacional”

La inflación está “controlada”, decían y el precio del agua no continuará subiendo si se cumplen las predicciones climatologicas de una primavera lluviosa. Por otra parte, Rusia accedería a prolongar el plazo para el pago de los intereses de la deuda a España para la compra de petróleo a cambio de las últimas 20 toneladas de oro de la reserva del banco de España.

Agua y alimentos eran las principales preocupaciones reales de los ciudadanos, a pesar de que la televisión insistía en la amenaza del terrorismo una y otra vez. El gobierno de salvación nacional repetía hasta la saciedad lo “gravísima” que era la amenaza para la unidad de España, representada por los territorios del norte con apetencias separatistas alimentadas por la “nueva riqueza” y especulación sobre las últimas reservas de carbón “nacional”

Manuel quiso cambiar de canal aborreciendo tanta manipulación y tanta porquería televisada, pero no había nada que cambiar. Esa era la única cadena televisiva sobreviviente y todos querían ver ya de una vez el partido y olvidarse por fin de cuanto les rodeaba.

Manuel les recordó a sus amigotes que si querían ir a baño tenían que subir a la azotea donde se ubicaba el baño seco colectivo. El tratamiento de aguas residuales había sido suspendido hacia ya varios años y los inodoros se conservaban en las casas casi como objetos de decoración, esperando que algún día se recuperase el servicio, pero el déficit hídrico nacional, y la delicada situación energética no permitían un aporte de agua suficiente como para hacer uso de estas instalaciones.

La mujer de Manuel aprovechó los escasos 30 minutos de agua que se bombeaban dos veces por día para lavar la loza y llenar la garrafa de servicio.

Aún quedaban dos horas enteras de electricidad a cargo de la tarjeta de Manuel y ¡por fin comenzaba el partido!. La “triple champion league” hacia vibrar a España a través de los televisores de unos pocos zulitos, mientras José Luís y sus colegas azechaban al guarda detrás de la alambrada del campo fotovoltaico en la oscura noche.

- Extraído de crisisenergetica.org

jueves, 31 de enero de 2008

La triste historia de Pepito

La triste historia de Pepito es un relato escrito por Alberto Noguera en Idealista.com, el cual nos muestra la situacion actual de mucha gente que compro un piso sin saber todas las consecuencias que con ello contraia:

sábado 27 mayo 14:02, por un usuario anonimo:

A mí me gustan esos que se cogen el hipotecón, con un sueldecito un 30% mayor que la cuota mensual, y si les dices algo responden: "siempre puedo refinanciar". Le preguntas a cuántos años es la hipoteca, y resulta que es a 30, cuando no 40.

Vamos a tomar un ejemplo ficticio. Pongamos que Pepito Relámpago llega al mercado inmobiliario en el año 2006, se compra su zulito de Pladur por 200.000 € y lo financia a 30 años. Poniendo un 4% de interés, le sale una cuota de 954 €. Como le han hecho encargado reciéntemente, allí en la carpintería, llega ya a los 1.200 € mensuales. Sus padres le han hecho el aval, con su otro zulito, en este caso de los del yugo y las flechas. Sabe que al principio irá un poco agobiado, pero "es la única forma de meterse", "están todos así", la inflación irá rebajando la cuota, y sobre todo la revalorización lo hará rico. No va a "tirar el dinero" en un alquiler, de modo que echa la firmita y el banquero lo despide con una palmadita en la espalda.

Pasan las semanas, Pepito es feliz en su zulito, se pone unas litografías que compra en un mercadillo, algunos muebles de Ikea, su madre le ayuda a limpiarlo todo, su padre le suelta unos cuantos billetitos para comprar un lavavajillas.

En junio, un anciano extranjero, llamado Trichet, sube el Euribor. Pepito cree recordar que el banquero ya le habló de ese Euribor, aunque lo hizo de pasada. Decía no sé qué de que subiría muy poco. La cuestión es que al cabo de pocos meses, la cuota de su hipoteca sube a 1.013 €. Llama al banco y le explican que si su tipo es variable, que si el Euribor, que si la coyuntura, que si tranquilo que está todo controlado. Pepito decide apretarse un poquito más el cinturón, ya no desayuna en el bar, las lonchas de jamón las pide finitas, los zapatos los aguanta hasta que las suelas están combadas, el Ford Fiesta lo conduce a puntita de gas. Así y todo, su madre le ayuda a comprar ropa y le suelta algún billete para que salga con los amigos. Vale la pena sacrificarse, porque en esos momentos su piso ya debe valer más, mucho más.

Pepito, a veces, cuando vuelve de trabajar, algo cansado, mira el balcón de su zulito, allí en el quinto piso. Es un cuadradito precioso, tan bien delineado, junto a los otros. Ese es su lugar en el mundo. Ahí está la prueba de que sale adelante en la vida. Es, además, el único del bloque que no tiene un cartelito de "Se Vende", lo que prueba que la revalorización es un hecho y todos están recogiendo los beneficios. Él, en unos años, también espera hacer lo mismo, vender y mudarse a un gran adosado en un barrio nuevo. Tal vez cuando tenga novia y lo asciendan a supervisor. Nunca ha sido hombre de grandes ambiciones, pero la prosperidad de España y su último triunfo financiero lo están envalentonando.

Pero a Pepito no lo ascienden. Lo que hacen es despedirlo. Hay poca demanda, las obras se están parando, los malditos de Ikea atacan muy duro. Todos los jóvenes con nuevos pisitos quieren comprar barato, nadie compra muebles hechos en España. Pepito era el empleado más joven, es decir, el más barato de despedir. Así que coge su carta de despido y en pocos días se presenta en el INEM.

Hay algo de prisa, porque ha cobrado poco del despido y la letra del piso sigue entrando cada mes. En el INEM le dan ocho meses de paro con 800 € al mes.

Estamos ya en 2007. Pepito ve en su pequeño televisor un montón de obreros con pancartas por las calles. Se están quejando por el aumento del paro. El Presidente Zapatero hace llamadas a la tranquilidad, esto es una etapa coyuntural, el Estado no abandona nunca a nadie. En el INEM recomiendan a Pepito que vaya de pinche de cocina, aunque sólo le ofrecen 600 al mes, poco más que la mitad de la hipoteca.

Cuando se acaba el dinero del despido, los padres de Pepito le ayudan a pagar la letra. Lo importante es mantener el piso y esperar a que se revalorice. Pepito a veces sale a comprar periódicos o buscar cartelitos con ofertas de trabajo. Al volver mira su pisito, tan alto, orientado al aire calentito del sur vuelve a mirar hacia arriba. Como tiene tiempo de sobra, ha empezado a caminar más despacio. Eso le da tiempo de observar algunos detalles: los cartelitos de "Se Vende" siguen allí. No los han quitado.

Pepito habla con su padre y lo tranquiliza: lo importante es mantener el piso. Ahora mismo en España hay trabajo, y él es un chico trabajador. Su padre hará algunas llamadas a sus amigos para ver si hay algo.

A finales de 2007, Pepito vuelve a revisar su hipoteca: debe pagar ahora 1.104 € cada mes. El BCE ha dejado los tipos ya en el 4%, más el 1, 25% que le cobra la caja de ahorros, total 5, 25% . Esto no hay quien lo entienda. Su patrimonio sube, pero la cuota que paga también. La inflación no erosiona la cuota, como le dijo su amigo en el banco. Tal vez porque la inflación ayuda muy poco a quien no tiene empleo. Lo que sí que inflacióna es la gasolina, la comida, la luz y el agua.

Los padres de Pepito se van quedando sin ahorros. Las cosas han subido mucho más que sus salarios. En la calle muchos hablan ya mal del Gobierno. Al fin, el ministro Caldera publicó una mala noticia: era un numerito que casi no se veía, en un rincón de la pantalla del televisor: 13% . El paro está en el 13% y muchos pepitos buscan trabajo a cualquier precio. Muchos de ellos son inmigrantes, y otros son españoles que van agotando sus meses de paro.

Pero muy pronto a Pepito se le acabará el paro. Sus padres no podrán afrontar su deuda. Tiene una pequeña reunión con ellos: no hay que ponerse nervioso, lo importante es mantener el piso, si lo vende ahora, luego valdrán más y ya no podrá comprar nada. Ha llegado el momento de la refinanciación.

Pepito visita a su amigo el banquero. Le choca la mano y le explica que tiene problemas. Las bromas y las risas desaparecen. Una mirada de desprecio se le escapa al buen hombre engominado. Se ponen a hacer numeritos: Pepito podría alargar el préstamo a 35 años y sólo pagaría 1.041 € al mes. Pero eso es muy poca diferencia. Como Pepito es joven, entonces se puede alargar el préstamo mucho más, a 50 años: 950 € al mes.

¿Cómo puede ser que la cuota baje tan poco? El banquero le explica amablemente, con su bolígrafo, que los intereses ascienden a 875 euros al mes, más el capital que vaya a amortizar según el número de años del préstamo. Pepito no sabe lo que es "amortizar". Pregunta qué es lo mínimo a pagar. El banquero le responde que los 875 € al mes, en un plazo de "carencia". En ese tiempo, no amortizaría capital, pero al menos saldría del apuro.

Pero Pepito no sale del apuro. 875 euros son muchos euros. Él imaginaba que doblando el plazo para pagar, la cuota bajaría a la mitad. El banquero le explica amablemente que eso no es así, porque la parte contratante de la primera parte es igual a la parte contratante de la primera parte. Pepito asiente y sale del banco. Llama a sus padres y luego va a cenar con ellos. El banquero también hace una llamada a su superior: hay un posible moroso.

En la cena, Pepito y sus padres tienen un amargo debate. Podrían alquilar el piso, mientras Pepito vuelve a vivir con ellos. Sería una solución transitoria hasta que encontrase trabajo y, como prometió el banquero, el dichoso Euribor bajase. Pero el alquiler no llegaría a los 500 €. A la gente no le gusta "tirar el dinero" en un alquiler y paga poco. Además, si no se encuentra inquilino enseguida, van a tener problemas para pagar. Pepito no puede pagar 375 euros al mes por la hipoteca, mientras vive con sus padres y tiene un inquilino disfrutando de su zulito. Eso no es viable. Se habla de vender su Ford Fiesta, que ya no utiliza porque no puede pagar la gasolina. Pero el viejo Ford Fiesta apenas vale 600 €. Es casi chatarra. Todo el mundo compra ya como mínimo compactos seminuevos km. 0.

Pepito mira el telediario con sus padres: parece mentira, con lo bien que va España, lo que le cuesta a él encontrar trabajo. Debe de ser que no sabe buscar. Tiene que moverse más, patear las calles. Algo hay que hacer.

Su padre, por su parte, comienza a recordar viejos tiempos: recuerda las escaseces de la posguerra, la crisis del felipismo, recuerda aquel 23% de paro de no hace muchos años. La realidad comienza a estrecharse como un embudo. Poco a poco, van quedando menos opciónes. El banco embargará el piso si no pagan, y entonces lo perderán todo, toda la revalorización.

Es el momento, entonces, de vender el zulito y disfrutar de la revalorización. Mientras tanto, volverá a vivir con ellos. Pepito en principio se niega, opina que si vende luego no podrá volver a comprar, los pisos subirán siempre. Su padre le responde que él ha vivido muchas cosas ya. Pepito no quiere creerle. Su padre insiste en que tal vez ZP hará algo por ellos, una VPO. Al fin y al cabo, si Franco lo hizo, un líder socialista de buen talante como ZP no podría hacer menos. Pepito comienza a aceptar que tal vez, en un futuro muy lejano, cuando la actual prosperidad de España sea historia, los precios podrían tener un "aterrizaje suave" y él comprar otra vez. Lo importante es que desde casa de sus padres podrá buscar trabajo tranquilamente. Y ese dinero lo guardará en algún sitio seguro.

Después de pasar una mala noche, con algunos remordimientos, Pepito pone el cartel de "Se Vende". Hace unos días que el ojo izquierdo le parpadea involuntariamente. También nota un cierto ahogo cuando suena el teléfono. Está esperando contratos, pero sólo lo llaman del banco para preguntarle qué decisión ha tomado acerca de su refinanciación. De momento, seguirá pagando a 30 años, no hay mucho que refinanciar.

Cuando acaba de colgar el cartel, sale a la calle a mirar si se ve bien desde la acera. Ha elegido un modelo diferente al de sus vecinos, para hacerlo destacar. El suyo tiene un diseño innovador, de una empresa catalana, que se está forrando. Los cartelitos de los pisos de al lado, en cambio, están amarillos y quemados por el sol. Está claro que su piso se venderá el primero.

Como lo compró por 200.000, le parece lógico pedir 250.000, teniendo en cuenta que hace ya un año y medio que se ha estado revalorizando.

Pasan las semanas, luego los meses, y los compradores no aparecen. Lo que sí que le aparecen a Pepito son más arrugas en la frente. A veces se mira en el espejo del cuarto de baño y nota que sus cabellos son más finos y escasos. El nudo en la garganta que sentía al responder al teléfono, ahora lo siente cada vez que pisa la calle. Hay algo que no marcha bien.

El del banco llama repetidas veces. Se acumulan ya dos impagos y la situación no es nada buena. Le avisa de que puede ejecutar la hipoteca. Pepito responde que es cuestión de tiempo, que la revalorización lo pagará todo e incluso le dará beneficios. El del banco guarda silencio. Tiene algunas cifras que a Pepito no le gustarían pero decide callar de momento.

Pepito toma una decisión importante: rebajará 20.000 € el precio. Cambia el cartel, cambia los anuncios en los periódicos. Contrata a una inmobiliaria.

La inmobiliaria le asegura que no puede vender su zulito por encima de 210.000 €. Pepito se enfada y les cuelga. Han pasado tres meses y no ha recibido ninguna oferta. En la televisión se ve a ZP prometiendo más y más viviendas a los jóvenes. Es la campaña electoral de 2008. España tiene un magnífico futuro, avalado por las cifras de prosperidad y empleo.

Pepito no entiende nada. Sólo ha recibido dos ofertas de empleo por 600 € al mes. En su antigua carpintería, han despedido a dos empleados más.

Pepito decide llamar a otra inmobiliaria y vender el piso por 210.000 €. Los nervios no le dejan ya dormir. Su jugada del piso tal vez no fue muy acertada. El de la inmobiliaria le explica que las cosas andan mal y que se prepare para más rebajas. Eso era lo último que quería oir, pero esta vez no se enfada.

En dos meses más, el banco está preparado para ejecutar la hipoteca. Llaman para informarle, con muy malos modos. El banquero ya no es tan amigo, de hecho ni le coge el teléfono. En su lugar le han puesto a una especie de cobrador del frac con una voz como de sepulturero.

Pepito llama todos los días a la inmobiliaria. No hay ninguna oferta. Decide al fin aceptar el trabajo de 600 €. El único problema es que deberá desplazarse al otro lado de la ciudad cada mañana en autobús y comer fuera. Su madre se ofrece a hacerle bocadillos.

Pronto se traslada al piso de sus padres y avisa a la inmobiliaria de que el piso ya no está en venta: está en subasta. El banco lo liquidará y con eso se cancelará la hipoteca. En el fondo, Pepito está aliviado, será bueno quitarse el muerto de encima. Su aventura inmobiliaria es una lección que no olvidará.

En pocos días lo llaman del banco: su piso se ha vendido por 80.000 €. La burbuja está pinchada, los precios caen, están ejecutando muchas hipotecas, no se ha podido sacar más dinero. El banquero es por primera vez sincero con Pepito. El problema es que le ha faltado por decir una cosa: las cajas están también amenazadas de quiebra por los impagos.

Pepito pregunta qué va a pasar ahora. El banquero responde que ahora no pasa nada, que su cuota a 30 años se reduce a tan sólo 662 €, que pagará más cómodamente. Aunque, si no paga, le embargarán su nómina, tal y como constaba en la letra pequeña del contrato que firmó al hacerse con la hipoteca. La madre de Pepito, entonces, pasa varios días llorando. La mujer está como envejecida, con la piel muy arrugada. Cuando Pepito va al lavabo, se encuentra un montón de pelos suyos. Hace semanas que toma pastillas para dormir, pero aún así los complejos de culpa no lo dejan en paz. Está condenado a pasar 30 años pagando 600 € al mes por absolutamente NADA. No habrá revalorización, no podrá irse de alquiler, no habrá ascenso en el trabajo, no habrá una novia, tan sólo una piedra pesada atada al cuello, con la que tendrá que vagar hasta los 60 años, a las puertas de la jubilación.

Entonces, pone la televisión: después de ZP prometiendo VPO aparece una breve noticia: Trichet vuelve a subir los tipos.

¿Exagerado? No estoy tan seguro. Las cifras que da sobre hipotecas son 100% reales. Si conoces a alguien que esta pensando en comprarse un piso, hazle el que pueda ser el mayor favor de su vida: dile que espere, aunque solo sea un año.