domingo, 30 de diciembre de 2007

Viviendo en una burbuja

Así nos encontramos, metidos en una burbuja inmobiliaria que empezó a inflarse hace más de 20 años, y cuya elasticidad sorprendio a mas de uno y de dos políticos que, en lugar de solventar el problema, vieron una oportunidad de crecimiento y, como no, de hacer negocio sin paragón.

La triste realidad es que los pisos no bajan, y si bajan, es porque el euribor sube... lo comido por lo servido, pues hipotecarse por poco con un euribor asi te sale igual de caro que hipotecarse por mucho con el euribor de los mejores tiempos. Yendo por la calle oigo voces... "¡ya está aquí!", "¡El fin de la burbuja ha llegado!". "Especuladores, ¡arrepentíos!". "Cayó Japón a mediados de los 90, Estados Unidos la semana pasada, y nosotros seremos los siguientes!". Pero todo eso me suena a rumorología y ciencia-ficción (¿o debería decir economía-ficción?).

No creo que tal estallido se haga realidad aquí en España. Siendo el ladrillo el negocio de este país, ¿hasta que punto es bueno que estalle la burbuja inmobiliaria, si a ello va a seguir una crisis económica sin precedentes? El gobierno buscará la manera de, en el peor de los casos, mantener los precios de las viviendas, y así no terminar con el negocio. Al fín y al cabo, ¿cuál es el país mas rico? Aquel al que todo el mundo debe dinero.

Un hecho sí que es cierto: la burbuja está pinchada, ya no es hermética, y pierde aire, hecho completamente lógico y físico al haber más presión en su interior que en el exterior. Sin embargo, hay muchas herramientas que ayudan a la burbuja a mantenerse con la suficiente presión para no reventar: siempre habrá una "Expo" en alguna parte donde el precio del metro cuadrado de terreno a las afueras de la ciudad sea inferior a la media nacional, un Fórum de las Culturas, una Ciudad de las Artes y las Ciencias, o un nuevo Puerto Deportivo en alguna zona costera, para que bancos y sociedades de capital extranjero compren, y vendan varios años más tarde, pero al doble o al triple del precio por el que las adquirieron. Y a dónde va a parar ese dinero? Pues de donde salió, del "mundo exterior" a nuestra burbuja, pero triplicado gracias a los bolsillos de los habitantes que resignados viven en su interior.

Y en esta dramática situación, no es de extrañar que nuestro valor adquisitivo no sólo no se haya congelado en los ultimos 10 años, sino que en proporción seamos mas pobres que nuestros padres.

Mientras los de siempre mantengan falsas creencias (o amenazas) como la de que "dentro de la burbuja estamos a salvo, pues ayuda a sostener la economía", o la de "el mundo exterior es un sitio arriesgado y peligroso... lleno de gente sin escrúpulos y de economías precarias", o bien la de "Necesitamos la burbuja para sobrevivir, y así atraer capital extranjero", estaremos condenados a ver al mundo exterior a traves de nuestra "burbuja" semi-transparente, cada vez más oscura...

Contemplaremos lo que ocurre en países más civilizados que el nuestro, y pondremos cara de tristeza y envidia mientras comparamos nuestros pisos y nuestros salarios con el de la gente de esos países, y que porcentaje del sueldo gastan ellos en pagar su vivienda y qué gastamos nosotros... pero ya nadie escuchará nuestros gritos de auxilio, porque estaremos eternamente silenciados dentro de nuestra burbuja inmobiliaria.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te veo muy desanimado,tan desanimado como lo estamos todos los que estamos buscando una vivienda decente a un precio decente.Es decepcionante hablar con los dueños de viviendas en venta tratando de que te rebaje el precio argumentando que ,posiblemente,después tenga que venderla por un precio menor y éste responda que los precios no van a bajar.Y eso sabiendo,como todos sabemos,cómo está el patio,con cerca del millón y medio de viviendas sin comprador a corto,medio y largo plazo.Con esas perspectivas ¿cómo es posible que todavía las constructoras,las inmobiliarias y los particulares se resistan a bajar los precios.Esto es una auténtica locura.

Atila dijo...

Te respondo, anónimo,;no los pienses más, uno pensaría que les debía dar verguenza ya su apestoso emporio de estafas inmobiliarias, pero no.
Y es que donde tú piensas que ves una persona, en realidad no es de nuestra especie, es un cerdo transformado en humano, pero cerdo de espíritu. Tal transmutación es posible gracias a sus archimaestros judios: los Roquefeler, los Rotschild, los Fuegger, los Morgan, y demás escoria de amos del mundo.